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Introducción
La sostenibilidad medioambiental, social y económica es el objetivo de todos nosotros. La mejor forma de colaborar es ejerciendo un consumo responsable. Para ello deberemos valorar las conductas empresariales de los productores y distribuidores así como el propio proceso de producción eligiendo aquellos que defiendan las justicia social, la ética, la solidaridad y el respeto al medioambiente.
El consumo responsable significa tener en cuenta las repercusiones de nuestra decisión en el momento de elegir entre diferentes opciones ofrecidas en el mercado, preguntándonos si necesitamos realmente ese bien, o en esa cantidad, y cuál de las ofertas es más sostenible.
También podemos ejercer nuestro derecho a la hora de invertir o gestionar nuestro dinero. Deberíamos invertir en bolsa analizando que empresas tienen responsabilidad social corporativa y trabajar con bancos que también la tengan.
Consumo ecológico
Es aquel basado en: - Productos que en su proceso no degradan el medioambiente. - Desechando productos que necesitan de mayor cantidad de materias primas (insumos) en su elaboración. - Productos no contaminantes y embalados en recipientes reciclables o biodegradables.
Todo esto es fácil si tenemos en cuenta que cuando el producto es ecológico ya está certificado en el cumplimiento de estos criterios (entre otros). Para identificarlos sólo tendremos que buscar las palabras “eco”, “ecológico”, “bio”, “biológico u “orgánico” en su etiqueta. Es sabido sin embargo que hay aún algún problema con el uso del término “bio” por algún productor para referirse a productos no certificados.
Consumo solidario
Todos sabemos que los pequeños productores se encuentran en desventaja frente a las grandes distribuidoras. Esto se agrava en productores de países en desarrollo que dependen de los canales de exportación que exprimen al máximo los márgenes de los productores en beneficio propio a sabiendas que el productor no tiene alternativa. No hace falta sin embargo irse a países en desarrollo. Basta con ver los gráficos del ministerio MARM para comprobar cómo un producto fresco es pagado por el consumidor en España 3 veces más caro de media que lo que cobró el productor (5 en caso de hortalizas) quedando todo ese margen en la imperfecta e injusta cadena de distribución. He de destacar que en ocasiones no es por injusticia sino por ineficiencia debido a la imperfección del proceso de distribución.
También en este caso hay certificaciones que ayudan al consumidor en su elección, como las de Fairtrade, Max Havelaar y Transfair en el mercado europeo.
Responsabilidad Social Corporativa
Las empresas ejercen responsabilidad social cuando satisfacen a sus stakeholders (empleados, socios, clientes, comunidad, proveedores, …) con el objetivo de sostenibilidad social, medioambiental y económica.
Una inversión socialmente responsable (ISR) incluye consideraciones de sostenibilidad en las decisiones de inversión. El Banco Triodos”( www.triodos.es) es el primer banco ético español y contribuye a la consolidación del ISR en España donde sólo el 0.3% de los fondos se gestionan con algún criterio ISR. En Europa había ya en 2001 unos 250 fondos ISR.
Las empresas deberían estar obligadas a elaborar y publicar sus informes de resultados incluyendo, a parte del aspecto financiero, los beneficios sociales y medioambientales producidos.
Consumo crítico y poder del consumidor
En definitiva, nuestra capacidad de compra es un instrumento de presión. Podemos usarlo de forma positiva tal y como se ha comentado, pero también podemos hacerlo de forma crítica, rechazando productos no solidarios o que conducen a la insostenibilidad y haciéndolo saber a quién nos rodea. Sólo cuando los consumidores en mayoría rechacen empresas productoras sin responsabilidad social, estas se verán obligadas a cambiar para sobrevivir. De lo contrario seguirán cayendo en la tentación de hacer lo fácil y barato a costa del medioambiente o de crear diferencias sociales.
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