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Las ciudades se comportan como una entidad única o ecosistema, con consumo de recursos y energía que necesitan importar de fuera y generando residuos y contaminación que exportan al exterior. Las ciudades también importan y exportan servicios (comerciales, turismo, consultoría, …). Así, al igual que crecen las ciudades, crecen las redes de transporte entre ellas y el ir y venir de gente y mercancías. Es por ello muy difícil separar entre sostenibilidad de la ciudad y sostenibilidad global.
Si sostenible significa poder mantenerse por sí mismo sin ayuda exterior ni merma de los recursos existentes, podríamos decir entonces que una ciudad más sostenible es aquella que necesita importar menos recursos (y energía) y que genera menos desperdicios (y contaminación). Del mismo modo, lo será aquella que consuma y contamine menos en los transportes de recursos y desperdicios, lo cual sucede si estos proceden de proveedores locales o cercanos. En este sentido, aparenta ser poco sostenible el modelo comercial en el que los alimentos se producen a miles de kilómetros de distancia de donde se consumen. La ciudad debe reducir del mismo modo su impacto en los territorios colindantes, explotando los campos de cultivo de una forma ecológica respetando la biodiversidad del medio.
Sostenibilidad en la ciudad de ciudades
Las grandes ciudades evolucionan a la generación de asentamientos urbanos dispersos, en algunos casos especializados en una función (ciudades/barrios residenciales, polígonos industriales, centros comerciales o de ocio). Son varias las consecuencias negativas de este modelo. La principal consecuencia es el aumento del transporte mecanizado, tanto de recursos como de individuos, siendo esta la actividad que más energía consume hoy día. El segundo podría ser la mayor ocupación de terreno fértil y su parcelación indirecta a consecuencia de las carreteras y autopistas que unen los asentamientos. Los terrenos entre carreteras sólo valen para el cultivo intensivo perdiéndose diversidad y mermando su fertilidad con el tiempo. También decrece la importancia de los lugares públicos, como plazas o parques, surgiendo la casa-propia como el centro único donde emplear el tiempo de ocio. Con ello decrece el sentimiento de pertenencia a la ciudad, aunque se mantenga nuestra dependencia con ella.
La especialización funcional de la ciudad, exportando la mayor parte de lo producido para importar todo el resto consumido, implica un incremento de exportaciones e importaciones. Sin embargo, estas especializaciones se ven en números casos necesarias, con ciudades que se forman alrededor de factorías de automóviles, conservas, textil, etc, cuya sostenibilidad económica depende de este modelo centralizado.
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