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Productos ecológicos


Sello agricultura ecológica

Ecológico, Bio, Eco, orgánico … !?

La población en general tiene una idea aceptable de lo que es un producto ecológico o “eco”. Entendemos que es un producto más saludable para nosotros y amable con el medioambiente. La cosa se complica cuando preguntamos por productos biológicos o “bio”. En ese caso el encuestado responde que es algo parecido, pero no lo mismo que ecológico. Cuando introducimos el término orgánico la cosa empeora.

En realidad, un producto ecológico o eco es idéntico a uno biológico, Bio u orgánico. Todos estos términos representan lo mismo, productos que cumplen con el reglamento comunitario 834/2007, aplicable al procesamiento y etiquetado de productos vivos o sin procesar, alimentos preparados, piensos para animales, semillas y material de reproducción, plantas salvajes y algas. Sólo pueden llevar en la etiqueta la descripción de eco, bio, ecológico, biológico y orgánico, productos certificados por un organismo certificador, que los hay públicos y privados. El cumplimiento de la normativa de Bruselas es garantizada por cada comunidad autónoma a través de sus Consejos o Comités de Agricultura Ecológica territoriales que coordinan y controlan los organismos certificadores.

Esto nos responde a la pregunta de cómo podemos saber que un producto es ecológico. En la Comunidad Económica Europea, el consumidor sabe si un producto es ecológico porque lo dice la etiqueta. Si lo indicara la etiqueta sin serlo estaría incumpliendo la ley. En cualquier caso hay sellos que también son incluidos en la etiqueta, pero cualquiera de las palabras eco, bio, ecológico, biológico y orgánico nos deben bastar.

¿Pero qué es un producto orgánico?

En agricultura, los requisitos impuestos por el reglamento comunitario persiguen una mejora de la salud y del sistema agrario, que respete la posible diversidad de especies, los ciclos biológicos y características del suelo. Por tanto, para que un producto sea ecológico debe haberse cultivado:

 · Únicamente con sustancias orgánicas.
 · Libre de hormonas.
 · Libre de abonos inorgánicos.
 · Libre de pesticidas y herbicidas químicos.
 · No haber sido tratado genéticamente.
 · No presentar residuos tóxicos.

Los organismos certificadores realizan sus controles en la finca, pero también con análisis en búsqueda de toxinas cuando el producto está ya elaborado. Nos puede sorprender, pero no se trata de un concepto ambiguo o relativo: los productos no orgánicos que consumimos presentan residuos tóxicos por debajo de lo legalmente permitido, pero muy por encima de lo requerido para ser considerado orgánico.

Los productos elaborados a partir de productos frescos deberán tener al menos un 95% de productos ecológicos para poder ser llamados como tal.

¿Es un producto ecológico más saludable?

Quality Low Input Food (http://www.qlif.org/) es una organización orientada a analizar las características de calidad y salud de productos orgánicos. Lleva constituida unos 6 años y ha llegado a las siguientes conclusiones:

 · La producción ecológica reduce los problemas medioambientales, reduce la emisión de gases de efecto invernadero, mejora la biodiversidad y evita la erosión del suelo.
 · Sus frutas y verduras tiene más antioxidantes lo que evita el envejecimiento celular y potencia la defensa contra determinadas enfermedades.
 · Los vegetales presentan mayor contenido en materia seca, minerales, vitaminas A B C, proteínas e hidratos de carbono.
 · La leche presenta más vitaminas Ay E, más ácidos grasos poliinsaturados (los famosos Omega-3 y compañía). Esto hace decrecer las afecciones coronarias y el colesterol.

Podemos decir por tanto que QLIF certifica que el producto ecológico es más saludable.

Pensar que un alimento orgánico es más saludable que uno normal es de sentido común. Es lo que consumían nuestros abuelos, antes de que nos armáramos con el arsenal de insecticidas, fungicidas, herbicidas y abonos químicos explosivos que acaban con todo aquello complementario al objetivo de la plantación y con la diversidad del medio, pero que también rompe con el frágil equilibrio entre especies y con los sistemas colaborativos en el ecosistema, empobreciendo el suelo (el 65% de la superficie agraria está ya degradada presentando problemas de productividad). A los daños colaterales de la guerra química contra la mala hierba o el pulgón hay que sumarle los residuos tóxicos que terminan siendo digeridos por nosotros mismos.

Casero, ¿luego ecológico?

En un show de cocina ecológica un cocinero me sorprende con su comentario. Abre un tapper y saca unos higos, y comenta que deben ser ecológicos porque son de la higuera de su patio. Esta es una idea muy difundida, en la que pensamos que si el producto es cultivado en nuestro huerto es un producto de calidad y confianza. Luego nos olvidamos si hemos usado herbicidas con anterioridad para preparar la tierra, si hemos abonado con las bolitas químicas azules, o si hemos tratado los caracoles con el insecticida comprado en Leroy Merlin.

Casero no significa ecológico ni saludable, pero lo cierto es que también podemos nosotros mismos aplicar las reglas básicas de la agricultura ecológica a nuestro huerto, produciendo productos ecológicos sin estar certificados.

 

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